domingo, 5 de noviembre de 2017



Sobre los resultados de las elecciones en el SUINAU.
Observando los resultados de las elecciones del SUINAU realizadas los días 5,6 y 7 de setiembre en todo el país, debemos sacar algunas conclusiones objetivas sobre los mismos.
Sin pretender que esta sea la verdad absoluta, mirando políticamente los números y cómo queda conformada la Mesa Nacional podemos decir que se mantiene una correlación de fuerzas que más o menos se viene dando desde hace años.
Si comparamos los números con los de las elecciones anteriores, no vemos grandes cambios, y si logramos ver objetivamente los resultados no hubo grandes ganadores y grandes perdedores. Mas bien se da el caso que la lista 10 se queda con la mayoría en la Dirección Nacional, pero con un cargo menos, la 188620 se queda con los dos cargos que la 1886 tenía, y el que la 20 tenía, lo que suma los tres cargos de la nueva lista formada por la alianza. Mientras que la naciente agrupación Rosa Luxemburgo, lista 1871 recupera el cargo perdido por la lista 917 en las elecciones pasadas, cargo que se lo gana a la lista 10. Esa es la correlación de fuerzas que se va a dar en este período en el SUINAU.
Maniobrando para no atacar al oficialismo gubernamental, la 188620 por su composición política, la lista 10 muy conocida en el gremio, por tener una posición que pretende tomar distancia de banderas políticas pero que tiene en su seno gente de los partidos tradicionales, del PVP, independientes, mientras que la lista 1871 se armó en última instancia por la conjunción de varios sectores en un acuerdo programático para el gremio.
En adelante, se verá como se logran llevar los acuerdos en la 188620, que sale de la alianza de trabajadores que pertenecen al P “C” U integrante del gobierno del FA, con trabajadores que vienen del zabalzismo, y otras tiendas que se decían combativas.
También la 1871 que obtuvo 459 votos en total, debe seguir la línea de su programa y aplicarlo en condición de minoría a la práctica cotidiana del sindicato y la defensa de los intereses de los trabajadores, pero esta construcción parte de una discusión programática que le favorece caracterizar al gobierno, y a los directorios de la institución, y definir cuáles son los intereses inmediatos de los trabajadores y los niños y adolescentes que se atienden por los cuales luchar sin tregua.
Desde ya, que la 1871 crecerá en la medida en que los trabajadores vean su compromiso en la práctica concreta. Seguramente nos dirán que hay cambios en la conformación. No somos enteramente la lianza de las listas 1886 y 917 como se dio en una oportunidad. Pero junto a “viejos compañeros” de ruta, se acercó a nuestra lucha savia nueva que le dará proyección de futuro a esta corriente dentro del sindicato, y también militantes de otras tiendas que aportarán sin duda en lo programático, en la plataforma gremial y en la lucha concreta.
Balances se harán en un futuro mediato de lo hecho hasta ahora, y deben incluirse datos de la realidad: concretar un trabajo que faltó en INISA, para tener un mayor número de compañeros que conociendo nuestra propuesta puedan apoyarla. Otra debilidad, fue el tema de recorrer el Interior más tiempo, pero eso sabemos que también se debe a las carencias materiales con que la agrupación enfrentó esta lucha, y la falta de tiempos materiales también.
Una consideración para tener en cuenta. La dedicación y el tiempo que se debe dar a la militancia sindical de ahora en más para poder avanzar, y conocer más la realidad del gremio es indispensable.
Será difícil encontrar espacios de desarrollo si no es con la presencia permanente y la toma de iniciativas en la marcha del sindicato y en la lucha de los trabajadores, eso lo sabemos todos.
Esto es nada más una reflexión que los compañeros tomarán o no en cuenta. Ojalá que sirva de algo, abrazos.

                                                                Jorge Pérez.



¿Tienen una explicación científica el aumento de los alimentos en nuestro país?
Fuimos a la feria nuevamente el sábado 30 de setiembre en Joaquín Suárez, encontrándonos con las frutas y verduras realmente fuera del alcance de muchos bolsillos de trabajadores y jubilados de nuestro país. Pasaremos a ilustrar algunos de ellos: 67 pesos el kg de berenjenas; 30 pesos un ramito de perejil; 30 pesos una cabeza de ajo; 50 pesos el atado de remolacha; 2 pepinos 30 pesos; una lechuga 50 pesos; el kilogramo de tomates, 95 pesos y el kilo de pescado 290 pesos.

Siempre lo decimos, que la mayoría de los trabajadores de este país gana menos de 20 mil pesos, y que una gran masa de jubilados anda por los 12 mil y algo de pesos. Muchos tienen familia y más de 40 mil trabajadores quedaron sin empleo en los dos últimos años. El país crece a base de inversiones extranjeras, y de la clase obrera muy pocos reciben del “derrame” del crecimiento que fue real, pero no se aportó a mejorar el presupuesto de esta última rendición de cuentas, dejando a los trabajadores colgados del pincel. y además cerrando las oportunidades de ingreso a trabajos públicos en muchos casos, y privatizando áreas importantes de la distribución de combustibles, achicando la plantilla de trabajadores en áreas importantes de ese ente autónomo; privatizando sectores de OSE; de la parte de generación de energía en UTE; en áreas cada vez más importantes del puerto, etc.

Todos sabemos que vivimos en un sistema capitalista de producción y distribución de la riqueza, que lleva en su seno la contradicción fundamental entre la producción social de bienes, y la apropiación individual de los mismos. Por lo tanto, nuestra sociedad se divide en clases que son la burguesía oligárquica, dueña de la tierra, las máquinas, los bancos, los locales de grandes dimensiones comerciales, y de la mercancía que se exporta y la que se importa.

Es una clase dominante que, junto al capital imperialista, (las empresas de capitales extranjeros que vienen a invertir a nuestro país) hacen sus negocios y se enriquecen cada vez más, fijando los precios de las mercancías.

Luego, en un país dependiente como el nuestro, encontramos sectores de burguesía nacional que no entra en el reparto de los primeros, pero explota mano de obra y genera plusvalía y sectores de pequeña burguesía que tienen negocios propios o familiares, en la ciudad y el campo.

Por otro lado, se encuentra el proletariado, que es el obrero industrial, pero que se integran como clase trabajadora los empleados del comercio y los servicios, tanto públicos como privados. Somos los que no tenemos nada para vender más que nuestra fuerza de trabajo, al decir de Marx.

En el sistema capitalista, no se producen otras cosas que mercancías que se introducen en el mercado para obtener una ganancia máxima. Para las clases dominantes la oligarquía criolla y el imperialismo, tanto un automóvil, una casa, los servicios de salud como un kilogramo de tomates, son mercancías que se ponen en el mercado bajo la ley de la oferta y la demanda mientras los monopolios fijan los precios, incluso los intermediarios le ponen los precios de los productos a los pequeños y medianos productores del campo, y los aumentan al consumidor a tasas muy por encima de lo que le pagan a ese chacarero mediano o pequeño.

Desde el punto de vista de la clase obrera y el pueblo, deberían ser bienes de consumo o de uso, para tener una vida más digna.

Entonces, encontramos una explicación para la suba de los alimentos constante que sufre nuestro país. Es que las clases dominantes y los monopolios extranjeros fijan los precios al alza y los salarios a la baja, y los gobernantes en el capitalismo no son nada más ni nada menos que los que organizan mediante la elaboración de leyes y decretos, el funcionamiento del sistema de producción y consumo de mercancías, para que los ricos sean cada vez más ricos y los pobres cada vez más pobres. Si no, como se explicaría que las cargas impositivas caigan cada vez más sobre los trabajadores a través del IRPF y el IVA, los ajustes fiscales a través de los aumentos de las tarifas públicas, mientras se decretan quitas de impuestos a los inversores extranjeros y a los grandes capitales.

Insistimos en la necesidad de crear expendios municipales en cada alcaldía del Departamento Canario y en todo el país, con precios testigos y productos de los productores cercanos a cada zona, evitar la intermediación y mejorar la alimentación, la vestimenta, etc., de todos los uruguayos.

                         Jorge Pérez.
Decreto 76/017 El 20 de marzo, el gobierno sancionó el decreto 76/017 que permite a la policía dispersar cualquier manifestación colectiva que corte calles y sin orden judicial. El argumento es garantizar la libre circulación. Se limita el derecho de reunión (art. 38 de la Constitución) y a la libre expresión (art. 7 sobre la libertad y específicamente la libertad de protesta). La Constitución establece que sólo se pueden limitar derechos y libertades a través de una ley fundada en el interés general (art. 7 inciso 2). Por lo tanto, el decreto es inconstitucional. Más grave aún es la posibilidad de recurrir a otros organismos públicos (art. 1 del decreto), donde por ejemplo podrían entrar las Fuerzas Armadas a pedido del Ministerio del Interior. En el artículo 4 del decreto se establece que éste no se aplicaría en caso del ejercicio del derecho de huelga, pero el texto es demasiado vago, lo cual le da un margen de discrecionalidad al gobierno para reprimir las manifestaciones sindicales. Así pasó con los trabajadores del SUTCRA, donde se los detuvo por hacer una asamblea en una ruta. Los sindicatos muchas veces suelen manifestarse en la calle en ejercicio del derecho de huelga o sin él. Además este decreto puede ser utilizado como antecedente para reglamentar la huelga en el futuro colocando más restricciones. Pero en los hechos este decreto va contra la actividad sindical. Se profundiza el espíritu represivo de la Ley de Procedimiento Policial de 2008, usando esa ley la policía “disuadió” una manifestación de trabajadores del transporte frente al Ministerio de Trabajo en 2011 quienes se tuvieron que ir a la terminal de Ciudadela, o las amenazas (“disuación”) al FOICA en un piquete en el puerto de Montevideo en 2010. Este decreto busca “blanquear” este tipo de actuaciones con un sustento jurídico. Para hacer caer el decreto, jurídicamente hay varias posibilidades: una de ellas es la impugnación ante el Poder Ejecutivo para luego ir ante el TCA, lo cual dado el caso podría realizarla cualquier persona. Pero para esto hay un plazo de 10 días corridos, otra, pero a nivel parlamentario, es la sanción de una ley que establezca lo contrario, allí se aplica el principio de jerarquía: la ley es superior al decreto y por tanto prevalece la primera. Para el caso de una detención en aplicación de este decreto, sirven la defensa de inconstitucionalidad o incluso el “habeas corpus” que aplica cuando hay detención indebida. Sólo puede detenerse a una persona si se la sorprende cometiendo un delito o con elementos de convicción suficientes lleven al juez a entender que un detenido participó de un hecho con apariencia delictiva (art. 15). Fuera de estos casos no debe detenerse a nadie. Pero más allá del derecho, el principal camino es la lucha.

sábado, 25 de febrero de 2017


 Posición de la III Internacional Comunista sobre la mujer trabajadora.
335774_376438445719681_100000605862306_1334633_1502298192_o.jpg Como aporte a la conmemoración del próximo 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer publicamos el siguiente material elaborado por la Tercera Internacional Comunista bajo la dirección de una gran revolucionaria como lo era Clara Zetkin, miembro del Comité ejecutivo de la misma. Nos parece una importante síntesis de un momento que sirve de material para el debate junto a otros documentos que el movimiento en defensa de los derechos de la Mujer ha producido a lo largo de la historia.
DIRECTRICES PARA EL MOVIMIENTO COMUNISTA FEMENINO – 1920

El II Congreso de la III Internacional hace suya la resolución del I Congreso acerca de la necesidad de dar consciencia de clase a las grandes masas de mujeres proletarias, de educarlas en los ideales comunistas, de convertirlas en compañeras de lucha y en seguras y decididas colaboradoras hacia el comunismo. La vigorosa participación de las proletarias en las luchas revolucionarias por la superación del capitalismo y la realización del comunismo es del todo indispensable. Y es necesario para que todas las mujeres sean capaces de desarrollar plenamente su personalidad, con la solidaridad de todo el cuerpo social, mediante la educación, ya sea en la actividad profesional o en la de madre, de forma que les sean asegurados todos sus derechos sociales. Y es necesario, para que el proletariado sea cada vez más compacto y fuerte en la lucha revolucionaria contra el sistema burgués y en la construcción revolucionaria del nuevo sistema, que sean creadas las condiciones sociales para la consecución de este objetivo.
II
La historia del pasado y del presente nos enseña que la propiedad privada es la última y más profunda causa de la situación de privilegio del hombre frente a la mujer. La aparición y consolidación de la propiedad privada son las causantes de que la mujer y el niño, al igual que los esclavos, pudiesen convertirse en propiedad del hombre. Por esta causa ha aparecido la dominación del hombre por el hombre, la contradicción de clase entre ricos y pobres, entre explotadores y explotados; debido a ello pudo producirse la relación de dependencia de la mujer en cuanto esposa y madre del hombre, su subordinación al hombre, su inferioridad en la familia y en la vida pública. Esta relación todavía sigue existiendo en nuestros días entre los llamados pueblos avanzados; se manifiesta en las costumbres, en las leyes con la privación de derechos, o como mínimo en la inferioridad del sexo femenino ante la ley, en su posición subordinada en el seno de la familia, en el Estado y en la sociedad, en su condición de tutelada y en su menor desarrollo espiritual, en la insuficiente valoración de sus prestaciones maternas y de su significado para la sociedad. En los pueblos de cultura europea, este estado de cosas ha sido consolidado y promovido por el hecho de que, con el desarrollo del artesanado corporativo, la mujer queda desplazada de los sectores de producción de bienes industriales en la sociedad y relegada a desempeñar su actividad en la economía familiar, sólo para su propia familia,
Para que la mujer llegue a obtener la plena equiparación social con el hombre -de hecho y no sólo en los textos de leyes y sobre el papel- para que pueda conquistar como el hombre la libertad de movimiento y de acción para todo el género humano, existen dos condiciones indispensables: la abolición de la propiedad privada de los medios de producción y su sustitución por la propiedad social, y la inserción de la actividad de la mujer en la producción de bienes sociales dentro de un sistema en el que no existan ni la explotación ni la opresión. Solamente la realización de estas dos condiciones hace que sea imposible que la mujer, como esposa y como madre, quede subordinada económicamente al hombre en la familia, o que por la contradicción de clase existente entre explotadores y explotados caiga, en tanto que proletaria y obrera de la industria, bajo el dominio y la explotación económica del capitalista. De hecho, estos supuestos, excesivos y unilaterales, tanto en la economía doméstica y en la maternidad como en la actividad profesional, paralizan cualidades y energías preciosas de la mujer y hacen imposible que se armonice, los dos ámbitos de sus deberes. Sólo la actuación de estas dos premisas garantiza a la mujer el desarrollo multiforme de su capacidades y de sus energías, y le permite actuar con iguales derechos e iguales deberes como trabajadora y creadora en una comunidad de trabajadores y creadores, equiparados a su vez en derechos y deberes, y vivir plenamente su actividad de obrera y de madre de forma armoniosa.
III
Las reivindicaciones del movimiento femenino burgués han demostrado ser impotentes para garantizar los plenos derechos de todas las mujeres.
Naturalmente, el afianzamiento de estas reivindicaciones reviste un significado que no debe ser subvalorado, ya que, por una parte, la sociedad burguesa y su Estado abandonan oficialmente el viejo prejuicio de la inferioridad del sexo femenino y, por otra, con la equiparación de la mujer reconocen su igualdad social. Sin embargo, en la praxis, la realización de las reivindicaciones femeninas conduce esencialmente a una modificación del sistema capitalista en favor de las mujeres y las adolescentes de las clases poseedoras, mientras la abrumadora mayoría de proletarias, de las mujeres del pueblo trabajador, se ven tan expuestas como antes, en su calidad de oprimidas y explotadas, a que se manipule su personalidad y a que se menosprecien sus derechos y de sus intereses.
Mientras el capitalismo exista, el derecho de la mujer a disponer libremente de su patrimonio y de su persona representa solamente el último estadio de emancipación de la propiedad y de las posibilidades de explotación de las proletarias por parte de los capitalistas. El derecho de la mujer a la misma formación y profesión que el hombre puede alcanzar, abre a las mujeres de los poseedores los llamados sectores profesionales superiores, poniendo con ello en acción el principio de la concurrencia capitalista, con la que se agudiza el contraste económico y social entre los sexos. Finalmente, la más importante y grandiosa de las reivindicaciones feministas -la que proclama la plena equiparación política de los dos sexos, y en particular el reconocimiento del derecho de voto tanto para elegir como para ser elegida- es decididamente insuficiente para asegurar derechos y libertad a las mujeres pobres o de pocos posibles.
Con la perduración del capitalismo, el derecho de voto representa solamente la consecución de una democracia política puramente formal, burguesa, y no de una democracia real, económica, social, proletaria. El derecho de voto general, igual, secreto, directo, activo y pasivo para todos los adultos significa solamente que la democracia burguesa ha llegado a su último grado de desarrollo y que este voto se convierte por tanto en el fundamento y la cobertura de la forma política más completa de dominio de clase por parte de los poseedores y explotadores. Este dominio de clase se intensifica en el actual período de imperialismo, de desarrollo social revolucionario -a pesar del derecho de voto democrático- hasta convertirse en la dictadura de clase más violenta y brutal contra los proletarios y los explotados. Este derecho de voto no elimina la propiedad privada de los medios de producción, y por tanto no elimina tampoco la contradicción de clase entre burguesía y proletariado; y no suprime la causa de subordinación económica y explotación de la gran mayoría de mujeres y hombres ante una minoría de mujeres y hombres poseedores. El derecho de voto solamente esconde esta dependencia y esta explotación con el engañoso velo de la equiparación política. Tampoco la plena equiparación política puede ser el objetivo final del movimiento y de la lucha de las mujeres proletarias. Para ellas la consecución del derecho de voto y de elegibilidad sólo es uno más entre los distintos instrumentos que les posibilitan poderse reunir, prepararse para el trabajo y la lucha con vistas a la construcción de un orden social emancipado del dominio de la propiedad privada sobre los hombres que sea, después de la abolición de la contradicción de clase entre explotadores y explotados, una ordenación social de trabajadores libres, con iguales derechos y deberes.
IV
El comunismo es el único sistema social que reúne estas exigencias y, con ello, garantiza plena libertad y justicia a todo el sexo femenino. El fundamento del comunismo es la propiedad social de los grandes medios que dominan la economía social, de la producción y distribución de bienes, del intercambio. El comunismo, aboliendo la propiedad privada de estos medios, elimina la causa de la opresión y explotación del hombre por el hombre, el contraste social entre ricos y pobres, explotadores y explotados, dominadores y oprimidos, y por tanto también el contraste económico y social entre hombre y mujer. La mujer, en cuanto miembro de la sociedad, de la administración y de la explotación de los medios de producción y distribución de la sociedad, disfruta al lado del hombre de los productos materiales y culturales, de su empleo y utilización y queda solamente sometida en su desarrollo y en su actividad al vínculo de solidaridad colectiva, pero no, porque es mujer, a la persona de un solo hombre o a la pequeña unidad moral que es la familia; y mucho menos sometida a un capitalista ansioso de beneficios y a una clase dominante de explotadores.
La ley más importante de la economía comunista es la satisfacción de la necesidad de bienes materiales y culturales de cada miembro de la sociedad, según las máximas posibilidades que permitan el nivel de producción y la cultura. Este objetivo solamente puede ser alcanzado imponiendo la obligación de trabajar a todos los adultos sanos y normales, sin discriminaciones de sexo. Solamente puede ser alcanzado en una organización social que reconozca la igualdad de todo trabajo útil y socialmente necesario, que valore también la actividad materna como prestación social, una organización que predisponga las condiciones de desarrollo de sus miembros desde su nacimiento, dentro del ámbito de un trabajo social libre, y promueva el máximo desarrollo consciente de las facultades productivas.
V
El comunismo, el gran emancipador del sexo femenino, no puede ser solamente el resultado de la lucha común de las mujeres de todas las clases por la reforma del sistema burgués en la dirección indicada por las reivindicaciones feministas, no puede ser solamente el resultado de una lucha contra la posición social privilegiada del sexo masculino. El comunismo sólo y únicamente puede ser realizado mediante la lucha común de las mujeres y hombres del proletariado explotado contra los privilegios, el poder de los hombres y mujeres de las clases poseedoras y explotadoras. El objetivo de esta lucha de clases es la superación de la sociedad burguesa, del capitalismo. En esta lucha el proletariado puede estar seguro de conseguir la victoria si logra despedazar el poder de la burguesía explotadora mediante acciones revolucionarias de masas, si logra despedazar el dominio de clase de la burguesía sobre la economía y el Estado mediante la conquista del poder político y la instauración de su dictadura de clase en el sistema de consejos (soviets). El estadio inicial inevitable de la sociedad comunista formada por trabajadores con iguales derechos e iguales deberes no es la democracia burguesa, sino su superación mediante el dominio de clase proletario, mediante el Estado proletario. En la lucha por la conquista del poder del Estado, las clases dominantes y explotadoras ponen en movimiento, contra la vanguardia del proletariado, los instrumentos más brutales de su dictadura de clase. Las acciones de masas de los explotados y de los oprimidos desembocan en la guerra civil.
La victoria del proletariado gracias a las acciones de masas revolucionarias y a la guerra civil, no puede concebirse sin la participación consciente, entregada y resuelta de las mujeres pertenecientes al pueblo trabajador. Estas, de hecho, representan la mayoría, o a la enorme mayoría, de la población trabajadora de casi todos los países desarrollados, y su papel en la economía social y en la familia es a menudo decisivo para el éxito de las luchas de clase entre explotadores y explotados, así como para el comportamiento de los mismos proletarios en esta lucha. La conquista del poder político por parte del proletariado debe ser también obra de las proletarias comunistas. Este mismo principio sigue siendo válido después de la consolidación de la dictadura de la clase proletaria, para la construcción del sistema de consejos, para la construcción del comunismo. Esta profunda y gigantesca transformación de la sociedad, de su base económica, de todas sus instituciones, de toda la vida moral y cultural, no puede ser posible sin la activa e iluminada participación de las masas de mujeres comunistas. La colaboración de estas masas representa no sólo una importante contribución a la realización del comunismo, sino también una rica aportación de multiformes servicios. Este trabajo es una premisa para el necesario incremento de la riqueza social de la sociedad y para el aumento, mejora y profundización de su cultura.
Del mismo modo como la lucha de clase revolucionaria del proletariado en cada país es una lucha internacional y alcanza su cima en la revolución mundial, también la lucha revolucionaria de las mujeres contra el capitalismo y contra su estadio superior de desarrollo, el imperialismo, la lucha por la dictadura del proletariado y la consolidación de la dictadura de clase y del sistema de consejos, deben ser entendidas a nivel internacional.
VI
El espantoso crimen que representa la guerra mundial imperialista de los grandes estados capitalistas y las condiciones que ha creado, han agudizado al máximo las contradicciones sociales y las penalidades de la mayoría de las mujeres. Estas son las inevitables consecuencias del capitalismo, y sólo pueden desaparecer con su destrucción. Esta situación no es solamente la de los países beligerantes, sino también la de los Estados neutrales, que en su conjunto se han visto más o menos afectados por el sangriento carrusel de la guerra mundial y sus efectos. La inmensa tensión y el continuo aumento de los precios imposibles de los alimentos de primera necesidad y los alquileres, de los medios de subsistencia de muchos millones de mujeres, hace que sus preocupaciones, sus privaciones, sus penas y dolores en su vida de obreras, amas de casa y madres lleguen a ser insoportables. La escasez de casas se ha convertido en una terrible plaga. El estado de salud de las mujeres en concreto continúa empeorando cada vez más, tanto por la subalimentación crónica que padecen, como por la fatiga del trabajo en la fábrica y en la economía doméstica. El número de madres que dan a luz niños sanos y vigorosos está disminuyendo cada vez más. La mortalidad infantil sube de forma inquietante; males y enfermedades, consecuencias de la insuficiente nutrición y de las míseras condiciones de vida en general, son el destino de centenares de miles, incluso millones de niños proletarios, y la desesperación de sus madres.
Un peculiar fenómeno está agudizando las penalidades de las mujeres en todos los países en los que el capitalismo mantiene su dominio. Durante la guerra, el trabajo profesional de las mujeres había registrado un aumento extraordinario. En los países beligerantes estaba entonces vigente el slogan: las mujeres en los primeros puestos de la economía, de la administración y de todas las actividades culturales. El prejuicio contra el «sexo débil, poco dotado y atrasado» quedaba sofocado por el sonido de las trompetas triunfales y del rugido del poder y de la explotación del imperialismo, estadio máximo del capitalismo internacional. La necesidad de ganar dinero, la mentira de la defensa de la patria junto con la ansiedad de la ganancia capitalista, empujaron a masas de mujeres a emplearse en la industria y en la agricultura, en el comercio y en los negocios. En todos los sectores de la administración local y estatal, en los llamados servicios públicos y en las profesiones liberales, el trabajo de las mujeres aumentaba día a día.
Ahora, cuando la industria capitalista se ha visto disgregada por la guerra mundial, cuando el capitalismo todavía dominante se muestra impotente para reconstruir la economía según las necesidades materiales y culturales de las grandes masas trabajadoras, cuando la caída de la economía y su sabotaje consciente por parte de los capitalistas ha provocado una crisis de estancamiento de la producción y una desocupación como nunca se había visto; ahora, decimos, las mujeres son las primeras víctimas, y las más numerosas, de esta crisis. Los capitalistas y la administración estatal y local capitalista tienen mucho menos miedo a la mujer en paro que al hombre en paro, ya que la primera es como mínimo políticamente ignorante y está desorganizada. También tienen en cuenta el hecho de que la mujer en paro puede llevar al mercado y vender, como última mercancía, su propia feminidad. En todos los países en los que el proletariado no ha conquistado el poder mediante su lucha revolucionaria, resuena hoy con nueva fuerza el slogan: ¡fuera las mujeres de los puestos de trabajo, que vuelvan al sitio que les corresponde, que es la casa! Un slogan que resuena incluso dentro de los sindicatos, que obstaculiza y hace más ardua la lucha por la paridad del salario y la paridad de prestaciones para ambos sexos, al tiempo que a su lado renace la ideología pequeño-burguesa-reaccionaria de la «única profesión auténticamente natural» y la inferioridad de la mujer. Como fenómeno paralelo a la creciente desocupación y a la miseria de innumerables mujeres, se registra una intensificación de la prostitución en sus formas más variadas, desde el matrimonio por conveniencia hasta la cruda venta del cuerpo femenino bajo la forma de «trabajo a destajo» sexual.
La tendencia a echar cada vez más a la mujer del campo de trabajo social está en estridente contradicción con la creciente necesidad de amplias masas femeninas de una actividad autónoma, lucrativa y satisfactoria. La guerra mundial ha matado a millones de hombres y ha convertido a otros tantos en inválidos parciales o totales, necesitados de cuidados y de asistencia; la disgregación de la economía capitalista no consiente que millones de hombres puedan cubrir las necesidades de la familia con lo que les produce su propio trabajo. La tendencia mencionada está en abierta contradicción con los intereses de la abrumadora mayoría de los miembros de la sociedad. Sólo utilizando en los más distintos sectores de actividad todas las energías y capacidades de las mujeres, la sociedad conseguirá compensar la inmensa destrucción de bienes materiales y culturales provocada por la guerra, y aumentar en la justa medida su riqueza y su cultura.
Esta fuerte tendencia a echar a la mujer de la producción de los bienes sociales y de la cultura encuentra su última razón en el ansia de beneficio del capital, que quiere perpetuar su poder de explotación. Demuestra la irreconciabilidad de la economía capitalista, del orden burgués, con los intereses más profundos de la abrumadora mayoría de las mujeres y de los miembros de la sociedad en general.
Para hacer frente a todas las necesidades más urgentes de las mujeres -que son el inevitable resultado de la naturaleza explotadora y opresiva del capitalismo- existe una sola vía. La guerra ha agudizado al máximo estas necesidades, convirtiendo a inmensas masas femeninas en sus desventuradas víctimas. Pero no son fenómenos transitorios que desaparecerán con la paz, sino que no debe olvidarse que la supervivencia del capitalismo amenaza constantemente a la humanidad con nuevas guerras de conquista imperialistas, cuyas señales son ya hoy evidentes. Los millones de proletarias, mujeres del pueblo trabajador, sienten del modo más oprimente el malestar social, puesto que en ellas coincide su situación de clase en cuanto explotadas y la situación de inferioridad intrínseca de su sexo, lo que las convierte en las víctimas más duramente golpeadas por el orden capitalista. Sin embargo, sus afanes y sus penalidades sólo son fenómenos concretos del destino general de la clase proletaria explotada y oprimida, y ello sucede en todos los países que siguen estando sometidos al régimen capitalista. Esta situación no podrá ser cambiada nunca por una reforma de la ordenación burguesa, por una presunta «lucha contra el estado de miseria posbélico». Los afanes y las penalidades solamente podrán desaparecer con la desaparición de este sistema, con la lucha revolucionaria de los hombres y mujeres explotados y desheredados de todos los países, con la acción revolucionaria del proletariado mundial. Sólo y únicamente la revolución mundial podrá resolver, como un tribunal mundial de la historia, las consecuencias de la guerra en cada país en concreto, desde la miseria hasta la decadencia moral y espiritual, hasta los sangrientos sufrimientos de las masas, y determinar la definitiva caída del capitalismo.

*Título original, artículo tomado de la obra: Zetkin, Clara. “La cuestión femenina y el reformismo”. Anagrama, Barcelona 1976.

miércoles, 28 de diciembre de 2016

Declaración de la CSC sobre la imposición de las PPP en la educación por parte del gobierno
En consideración de la última conferencia de prensa del gobierno de Tabaré Vázquez, en la que Álvaro García, Director de la OPP, anunció que “las PPP en la educación no tienen marcha atrás”, planteándose como innegociable, sin que esté propuesto para la discusión bajo ninguna circunstancia; es que entendemos a las claras la utilización de este instrumento privatizador, denominado eufemísticamente “participación público-privada”, como el cumplimiento de un mandado más a los organismos internacionales de crédito (FMI, BID, Banco Mundial), que han generalizado en la región este mecanismo privatizador. El gobierno reafirma así, también en la educación, su política pro-imperialista y continuista del neoliberalismo de la derecha tradicional.
Se harían 440 obras por PPP en la educación y ya al día de hoy abundan las tercerizaciones, sobre todo en puestos de gestión y servicios. Actualmente estudiantes y sindicatos, que han conformado el Movimiento Todos por el Clínicas contra las PPP, del que forma parte nuestra Corriente, están en plena lucha contra la implementación de este instrumento en el Hospital Universitario, se ha demostrado que no genera ninguna solución que favorezca realmente a usuarios y funcionarios, sino que trae consigo contratos a 30 años en los que el Estado les paga a las empresas que hacen las obras, beneficiando a las mismas, tal como lo establece la Ley 18.876, aprobada en 2011. A esto se suma su aplicación en la cárcel de Punta de Rieles, en la energía eólica, en obras viales como en AFE y en la construcción de rutas y puentes.
Todos estos casos de aplicación de las PPP en varias áreas del Estado se enmarcan en una misma política del gobierno: privatizar los servicios públicos, desmantelarlos, entregándolos a las empresas privadas, sobre todo a monopolios imperialistas, los que obviamente no se interesan por la educación y la salud del pueblo, sino solo para garantizar negocios sumamente lucrativos al capital, en momentos de crisis, pues el gobierno en nombre del país les sale de garantía para los préstamos, les paga abultados cánones y de yapa los beneficia con las exoneraciones tributarias. Esto está ligado al achique del gasto público, pues la plata que educación y salud necesitan se va en el pago de la oprobiosa deuda externa y las exoneraciones fiscales al gran capital. Se trata de la receta neoliberal para salir de la crisis económica, cuyos costos una vez más recaen sobre nuestro pueblo. En esta dirección está también la firma de tratados de libre comercio por parte del gobierno (con Chile, Mercosur, Unión Europea, China); estos tratados, que arruinan la industria nacional, impulsan las PPP.
Por lo expuesto, desde la CSC llamamos a unificar las luchas de los sindicatos contra esta medida y rechazamos la aplicación de las PPP en la educación, entendiendo que estas son parte de una política privatizadora y entreguista del gobierno, que en vez de designar el justo 6 % del PBI para ANEP y UdelaR, le abre un negocio a los capitales especuladores y saqueadores, agudizando nuestra dependencia y perdiendo soberanía.
¡¡No a las PPP!!
¡¡6 % para ANEP y UDELAR ya!!
¡¡Defendamos la educación, la salud y las empresas públicas, contra las privatizaciones del gobierno!!
¡¡A unificar las luchas para que la crisis no la pague el pueblo!!
Corriente Sindical Clasista
Corriente Sindical Clasista
Declaración ante un nuevo tarifazo del gobierno
Dejamos un 2016 de desempleo, rebaja salarial, aumento del precio del boleto, inflación en general… y una vez más recibimos el año nuevo con anuncios nada alentadores. El Ministerio de Economía y Finanzas Danilo Astori, junto a Álvaro García de la OPP y los presidentes de las empresas públicas, anunció un nuevo tarifazo a partir del 1° de enero del 2017. Se trata de un 7,5% en el caso de UTE, 8% en ANCAP y ANTEL y 8,2% en OSE, sumándose en este último caso un incremento complementario adicional de 7,3% sobre el cargo fijo según la capacidad de consumo del cliente. Este tarifazo implicará sangrar al pueblo en cientos de millones de dólares más e inevitablemente generará más inflación.
En el caso de la energía, como lo denuncia AUTE, esta política “…subsidia a los grandes consumidores y le garantiza rentabilidades increíbles a los capitales privados que le hincaron el diente a la energía eléctrica”. Es que el gobierno, en el marco de las exoneraciones tributarias al gran capital, reduce la tarifa que pagan los monopolios imperialistas, por ejemplo: UPM, que pretende instalar una tercera de planta de celulosa, que además provocará graves impactos socioambientales ya denunciados. Y a su vez, la generación de energía se está privatizando, así lo muestran el desmantelamiento progresivo de la Central Batlle, la construcción de la planta de generación térmica de ciclo combinado por parte del monopolio imperialista surcoreano Hyundai y el negocio suculento de los parques eólicos de capitales privados, incluyendo a monopolios imperialistas yanquis, holandeses, españoles… y a grandes burgueses locales como el Grupo Fernández, que fundió Fripur y dejó a mil familias sin empleo. UTE se comprometió a comprarle la energía a estos grandes capitales a 20 años por un precio fijo en dólares, siendo más de diez veces más caro, y lo debe hacer aunque pueda generar la energía suficiente en las represas hidroeléctricas, como de hecho está sucediendo.
Por otra parte, para ANCAP, el gobierno basa sus explicaciones en un futuro incremento del precio del petróleo, en los gastos de instalación de una parada de mantenimiento de la refinería en 2017 y en el pago de la deuda en dólares, que a su vez será mayor por la suba del valor de esa moneda. Pueden decorar cómo quieran su discurso, pero lo que no quieren recordar es la brutal crisis de ANCAP que llegó a un déficit de 800 millones de dólares, responsabilidad de este gobierno y de los anteriores. Además, durante los últimos años se embolsaron decenas de millones de dólares gracias a mantener el precio del combustible cuando se desplomaba el precio internacional del petróleo, ahora sube algo el precio internacional del petróleo y enseguida aumenta el del combustible, con claro fin recaudatorio.
En OSE, el tarifazo no solo es un problema de mala gestión. Para comprender eso hay que considerar algunas perlas de un lago rosario. Una de esas perlas la constituyen las pérdidas tanto comerciales como físicas de agua (relación entre el agua elevada y el agua facturada), sumadas fluctúa entre el 52% y el 53%, que demuestra la falta de inversión en los lugares claves del organismo, lo que redunda en una mala gestión y que los usuarios a través de la tarifa pagamos. Otra perla es la de las tercerizaciones, que pretenden simular una reducción de personal pero que a la corta generan graves problemas para el organismo de gestión, sumado a mayores costos de administración y control. Por otro lado, esto conlleva que las empresas tercerizadas suministradoras de personal, se disputen el personal tercerizado que ya está trabajando en OSE, aprovechando el conocimiento e instrucción que tienen sin invertir un peso; además de violentar derechos de los trabajadores como, por ejemplo, desconociendo su antigüedad o usar la posibilidad de reducir sus ingresos desconociendo su anterior remuneración. Es algo que se parece más a una corrupción legalizada que a la solución de un problema de falta de personal y que a las claras demuestra su ineficiencia tanto en costos como en gestión.
A estas perlas hay que añadir la contaminación de las fuentes de agua a causa del cambio del uso del suelo, monocultivo sojero y forestal, y el consecuente uso de agrotóxicos que exigen de OSE una mayor cantidad de
insumos para la potabilización del agua, hecho que venimos denunciando desde hace años y que hoy cobra vigencia al estar discutiendo el Plan Nacional de Aguas que debe contar con estos asuntos. Y a esto se suma también que en OSE hay un déficit superior a los 30 millones de dólares y un endeudamiento importante con organismos internacionales de crédito.
De esta forma, el gobierno recurre a la conocida artimaña neoliberal de desprestigiar a las empresas públicas y así intentar legitimar su privatización, lo que incluye tercerizaciones, PPP y otras modalidades, en lugar de poner a las empresas públicas al servicio del pueblo, fomentando la industria nacional. Y es en esta sintonía que va por la firma de TLC. Esta es la respuesta del gobierno oportunista y proimperialista ante la crisis económica, haciendo que los trabajadores y el pueblo paguemos sus costos, con pérdida de soberanía incluida.
El objetivo de los entes públicos no debe ser dar ganancia, ni financiar los déficits del Estado, sino brindar servicios públicos baratos para la población y la producción nacional. Los posibles déficit que podrían provocar, en caso de ser necesarios, deberían cubrirse sacandolés todas las excenciones a los monopolios imperialistas y con lo recuperado de la moratoria de la deuda externa, así como poniéndole más impuestos a la gran burguesía intermediaria, la banca extranjera y los grandes latifundios.
Obviamente, eso no lo dice Astori cuando pretende explicar el aumento de tarifas aludiendo al objetivo de reducir el déficit fiscal (ya que la suba está por encima de los costos operativos), ese déficit da cuenta de la crisis económica, a la que el gobierno responde con más ajuste. Pero claro, la deuda externa se paga y ahí el déficit no pincha ni corta, al gran capital se lo exonera y ahí el déficit fiscal tampoco importa, los salarios altos de los cargos de gobierno tampoco se tocan…
Otra afirmación de Astori es que los aumentos son actualizaciones de acuerdo a la inflacion, con la “contemplacion” de que están por debajo de este índice, este es un argumento falaz ya que los aumentos se deberían dar en todo caso por el aumento real de los costos de los insumos de producción y, como es obvio, estos insumos y sus costos no son los de una familia uruguaya.
Mención especial merecen la cifra del IPC de noviembre, de 8,70% (acumulado en el año), superando el 7% que preveía el gobierno como cota máxima en este año. Y esto se desprende de las cifras oficiales, que no reflejan del todo la real carestía, con los precios por las nubes, entre ellos el del boleto, que sigue asegurando la ganancia a los grandes empresarios del transporte. Además, esto se agrava teniendo en cuenta el creciente desempleo (casi 60.000 ocupados menos que hace dos años) y la rebaja salarial, reflejada en los consejos de salarios en los que gobierno y sector empresarial retacean a los trabajadores el salario que en sus justos reclamos exigen. Encima, se anuncia un incremento de los impuestos al salario y a la jubilación.
Ante todo esto, la mayoría oportunista en la dirección del PIT-CNT no va a fondo. No solo es tenue en las medidas de lucha, siempre evitando el paro activo de 24 hs, sino también en sus discursos: el Secretariado expresa simplemente que no comparte la suba, la diferencia de la del año pasado y ni siquiera usa la palabra tarifazo, que es el término que cabe a tamaña medida antipopular.
Por su parte, la derecha tradicional solo refiere a problemas de gestión de las empresas públicas, de despilfarro, tratándolo simplemente como un tema de “modelo agotado”, como expresa el reaccionario de E. Novick, o, de forma oportunista, por derecha, algunos llegan a hacer referencia a cómo recae sobre los trabajadores esta suba pero, como es esperable, no hacen una denuncia profunda pues justamente este gobierno no ha hecho más que continuar las políticas que otrora ellos aplicaban y que hoy siguen impulsando, ¡el achique y la privatización de las empresas públicas están dentro de sus planes!
Entonces, desde la CSC, rechazamos el tarifazo y llamamos a unificar las luchas para derrotar todo el ajuste y la rebaja salarial del gobierno.
¡¡NO al TARIFAZO, sí al SALARIAZO!!
¡¡En defensa de la empresas públicas, contra las privatizaciones del gobierno!!
¡¡Que la crisis no la pague el pueblo!!
Corriente Sindical Clasista